Antes de aventurarnos a responder a esta pregunta, toca hacer una primera reflexión. Toca decir que las redes, en los últimos años, se han convertido en otra cosa. Desde que activaron sus políticas de monetización se han transformado en auténticos soportes publicitarios. Con un objetivo claro de vender a anunciantes el acceso a usuarios, y te aseguro que lo están consiguiendo. ¿A través de quién? A través de perfiles empresariales, a través de tu empresa.

¿Qué es lo que ha cambiado?

Lo que ha cambiado es el algoritmo. Ese malvado algoritmo que lo ha transformado todo. Lo más relevante es que ahora limita el porcentaje de impresiones servidas a los seguidores de un perfil empresarial. Antes, cada vez que una marca subía un contenido era servido a todos sus seguidores. Era muy sencillo, y lo mejor de todo: llegar a todos tus seguidores era gratis. Pues bien, esto ya es historia. Los datos de los últimos meses dicen que el algoritmo de Facebook (por poner un ejemplo) sirve los contenidos orgánicos a menos del 10%* del total de seguidores.

Por lo tanto, si tu objetivo en redes es el de vender, ya no te vale la gestión de perfiles enfocada únicamente a tus seguidores. Todos ellos no te verán todas las veces que tú hables, todos ellos no atenderán a todas tus comunicaciones, todos ellos no verán todas tus promociones. A todos ellos no les podrás vender.  Y ¡a ver!, está bien tener seguidores, son fieles y están ahí libremente. Son embajadores de tu marca. Se supone que hablarán bien de ti, fuera del contexto digital, y eso es bueno. Lo que ocurre es que no les puedes vender todos los días, a todas horas, todos los productos. Si encima sumamos las restricciones a la hora de conectar con ellos orgánicamente, no nos queda otro remedio que salir a buscar clientes fuera. No es suficiente con un grupo, por muy grande que sea, de valiosos seguidores.

Y ¿dónde es fuera?

Fuera es más allá del límite que marca el 100% de nuestros seguidores. Fuera es perfiles que no nos siguen. Fuera es perfiles que no nos conocen o, al menos, que no conocen el día a día de la marca.

Son consumidores, son clientes, que compran al mejor postor y si no nos ven, no nos comprarán. Esto te obliga a cambiar la percepción que tienes acerca de las redes sociales. Ya no son esos espacios gratuitos dónde charlar e interactuar con tus seguidores.

Ahora es un gigantesco campo de batalla donde las marcas pelean por conseguir clientes. Y ahí es donde hay que luchar. Hay que hacer esfuerzos extra. Por un lado, hay que destacar creativamente con las mejores ideas en contenido posibles o a través de promociones bien planteadas y que aporten valor a la compra. Hay que hacer el esfuerzo de pensar acciones que llamen la atención.  El terreno de juego es proclive a ello. Permite usar vídeo, conectar con otras herramientas (tiendas electrónicas, webs, otros perfiles sociales…) y muchas opciones que los soportes tradicionales no admiten, y eso es bueno.

Pero, sobre todo, hay que invertir. Si quieres llegar a ellos, si quieres llegar a nuevos clientes, o mantener la atención de los actuales, incluidos tus seguidores en redes, toca invertir. Ahora no basta con publicar bien; ahora hay que promocionar más.